jueves 19 de noviembre de 2009

DOS O TRES VOLANTES DE APURO


Conducía su angustia a gran velocidad sobre un acceso bronco–espástico mal pavimentado como intentando sintonizar sin dial en los 40 de la locura algo teofilina anhidra y un cartucho de oxígeno inhalado asociado a un corticosteroide antes de que, al llevarse la mano al bolsillo, piadosos propósitos se agruparan en moco. Conducía su ahogo también a gran velocidad. Como con dos o tres volantes de apuro. Y una palpitante locución le cuenta que arrojó su coche expectorante contra un violento aparcamiento en el arcén viario –invento–, poniendo a salvó su asma. Entre el escalofrío y el ardor de estómago, se pota. Se ha manchado la ropa al rajar una papilla y se aferra al quitamiedo con más carencia que éxito. No sabe ni cómo pudo esquivar a la muerte: quisiera toserle una mucosidad a su destino cada hora y otra a la audiencia de quien le escriba este poema si lo entiende y no le llora.

domingo 15 de noviembre de 2009

FÁCIL


Tanto curro, tanto chándal,
tanta beca, tanto aborto,
tanto orden, tanta lágrimas,
tanto deseo, tanto costo,
tanta revuelta, tanta duda,
tanto travel, tanto gimnasio,
tanto barrio, tanta locura,
tanta foto, tanto morbo,
tanta biblioteca, tanto tatú,
tanto Madrid, tanto Londres,
tanta rasta, tanto UVA,
tanto teléfono, tanto susto,
tanta braga, tanta camiseta,
tanto pedo, tanto costo,
tanto heavy, tanto business,
tanta bragueta, tanto miedo,
tanta poesía, tanta coca,
tanto paro, tantas gafas,
tanta bandera, tanto rap,
tanta gorra, tanta teta,
tanto tanga, tanta moto,
tanto silencio, tanto bostezo,
tanto corte, tanta moda,
tanta subida, tanta descarga,
tanto precio, tanto gapo,
tanta trola, tanta chaqueta,
tanto accidente, tanto house,
tanta verdad, tanto sofá,
tanta gomina, tanto porno,
tanta ley, tanto talego...

...Me lo estáis poniendo tan fácil.


Escucha:
Fácil (Juan José García Rodríguez) 15-11-2009

lunes 19 de octubre de 2009

CON OJOS DE MÁS DE 1.000 NOCHES EN VELA


María José, sólo una invitación que te pertenece
es transportadora. Navegante,
abro mis brazos sin saber a dónde parto.

El viaje continúa, y hoy, guiado
por el simple aliento de una llamada,
he vuelto a encontrarme ante la espesura,
apartando la maleza, opacas túnicas,
nuevos verdes imposibles. El horizonte
me parece más cercano cuando ella me convoca,
María José, no una voz que procede de mí mismo,
si no una voz -otra voz, no la tuya- seductora,
que solicita. ¿A quién le pertenece este susurro?

El horizonte me llama mientras voy apareciendo
siempre ante inminentes hojas, próximos tallos,
uno tras otro, amor mío... ¡tan desconcertante!

Sólo porque tú no eres mi amigo
reviso rama a rama la copa del árbol
que conforma mi propia conducta.

A la manera de un simio,
asciendo buscando entre las raíces
del comportamiento, investigo el nervio
de este rayo de luz que me ilumina,
la demanda es doble, tu estímulo irrecusable.

María José, cada cita tuya
resuena dentro de mi alma como recién llegada
de un lugar mágico de ensueño,
de una verde fronda de isla del tesoro
hacia la que uno avanza solícito y repleto de urgencias,
hacia un encuentro automático
sin remedio, contigo, conmigo mismo igual.

Pero si en mi ida me aproximo entre la espesura
a la imprecisa caja, que de nuevo oculta
la envoltura de otro cofre más hermoso, ella dice:

-”Duerme un poco, chico...
Ven y guarda ese impulso no deliberado.

¿Acaso no sabes que sueñas
con ojos
de más de 1.000 noches en vela?”.

Y yo me lanzo insomne, María José,
presto al punto de que me nombres,
de continuo noche tras noche como el primer día,
deseante de algún idólatra respirar,
deseante de algún no sé qué beso de tu boca,
tu ágil sonreírte
anhelando una vigilia suprema.

domingo 11 de octubre de 2009

BALAZO


¡Tonto de mí!

Me quito
el sombrero
y disparo
una cana al techo
en el
Salón
para pistoleros
desafectados por el paso
del tiempo
: a lo alto
se abre
sobre mi cabeza
del balazo
un agujero,

y me llueve otro año.

miércoles 23 de septiembre de 2009

CALLE


La calle estaba en orden: de aquí para allá.
De vuelta, llueven cuatro gotas.
Casi como ayer, en que fui una de esas playas
donde las nubes que se acercan pasan de largo.
Lo que me gusta de hacer regalos es que paso
por tiendas con objetos antiguos. En esta tienda
en la que me encuentro cuando vuelvo a casa,
busco, en un buzón oxidado, a la venta, del presente,
algún correo electrónico que me hable de ti.
Ni un descanso, ni un mal poeta, ni una locura.
Ni una boda, ni una prisa, ni un aparcamiento: normas
que me tengo que estudiar.
Esta correspondencia en blanco no es como una calle.
Busco en tu legislación, busco en tu informática,
cofres, mujeres colocando escaparates,
señales de tráfico que me hablen de ti.


Escucha:
Calle (Juan José García Rodríguez) 23-09-2009

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DERECHO DE ADMISIÓN (LA CONVENIENCIA DE HABER LEÍDO A TIEMPO LA LETRA PEQUEÑA)


Por Aldo Pellegrini Publicado en Poesía (Poesía Nº 9 Agosto de 1961, Buenos Aires).


La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática de cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.

Por supuesto, es el pueblo el poseedor potencial de la suprema actitud poética: la inocencia. Y en el pueblo, aquellos que sienten la coerción del poder como un dolor. El inocente, conscientemente o no, se mueve en un mundo de valores (el amor, en primer término), el imbécil se mueve en un mundo en el cual el único valor está dado por el ejercicio del poder.

Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.

Como la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse, indudablemente tiene cierto prestigio ante los imbéciles. Es ese mundo falsificado y artificial que ellos construyen, los imbéciles necesitan artículos de lujo: cortinados, bibelots, joyería, y algo así como la poesía. En esa poesía que ellos usan, la palabra y la imagen se convierten en elementos decorativos, y de ese modo se destruye su poder de incandescencia. Así se crea la llamada "poesía oficial", poesía de lentejuelas, poesía que suena a hueco. La poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre. Se opone a la voluntad de no ser que guía a las multitudes domesticadas, y se opone a la voluntad de ser en los otros que se manifiesta en quienes ejercen el poder. Los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. El mundo del poder es un mundo vacío de sentido, fuera de la realidad. El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino participa de ella misma. La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tienen el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad. La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.